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Viento madera · Caña simpleLa columna vertebral de la banda española. Ningún otro instrumento tiene tantos músicos en plantilla ni un registro tan amplio: del susurro más grave al agudo más brillante.

El clarinete suena por una caña simple —una sola lámina de caña— que vibra contra la boquilla al paso del aire. A diferencia del oboe o el fagot, su tubo es cilíndrico, no cónico, y eso le da un registro gravísimo (el chalumeau) muy distinto en color al agudo, casi como si fueran dos instrumentos distintos según la zona en la que se toque.
Esa amplitud de registro y de dinámica —puede tocar casi inaudible y, un instante después, imponerse a toda la banda— es lo que lo hace tan versátil: está en la orquesta clásica, en el jazz, en el klezmer y, sobre todo en España, en el corazón de la banda de música.
El clarinete en si bemol es el que todo el mundo estudia primero, pero la familia es amplia. El requinto en mi bemol, más pequeño y agudo, es el que lidera y corta por encima de toda la banda en los tutti: es, junto al clarinete solista, el instrumento con más protagonismo de la plantilla. Por debajo está el clarinete bajo, cada vez más presente en el repertorio de banda moderno, y más raramente el corno di bassetto o el contrabajo.
En una sociedad musical española es habitual que la sección de clarinetes sea, con diferencia, la más numerosa de toda la banda: hace el papel que en la orquesta sinfónica hacen las cuerdas.
Un clarinete de estudiante en ABS o resina cuesta entre 400 y 900 €: es una buena opción para empezar porque aguanta mejor los cambios de temperatura y humedad que la madera. El paso a un clarinete profesional en madera de granadillo se sitúa entre 1.800 y 4.000 € o más, según la marca y el sistema de llaves.
Es habitual —y muy recomendable— empezar con el instrumento que presta la escuela de música o la sociedad, y no comprar uno propio hasta tener claro que se va a seguir varios años.
La caña simple es más barata que la doble caña del oboe o el fagot: una caja de diez suele costar entre 20 y 35 €, y cada caña dura de varias semanas a un par de meses según el uso y los cuidados. A diferencia del oboe, la mayoría de clarinetistas compran la caña ya hecha, sin necesidad de rasparla a mano.
El resto del mantenimiento es el habitual en la familia: secar el instrumento por dentro tras tocar, engrasar los corchos de las uniones y revisar las zapatillas una vez al año. La madera de grenadillo, además, necesita un "rodaje" cuidadoso los primeros meses para no agrietarse.
No hay instrumento con más peso en una banda española que el clarinete. Lleva la melodía en la mayoría del repertorio, dobla a la cuerda cuando la banda versiona repertorio orquestal, y su sección puede llegar a tener quince o veinte músicos en una sociedad musical grande.
En la orquesta su papel es distinto pero igual de central: solos frecuentes, un color que Mozart y Brahms explotaron como pocos, y una presencia constante en el repertorio clásico, romántico y del siglo XX.
Sabine Meyer, primera clarinete de la Filarmónica de Berlín con apenas veintitrés años en una decisión que generó polémica en su momento, es hoy una de las solistas más grabadas de la historia del instrumento. Martin Fröst ha llevado el clarinete a escenarios y repertorios que antes no eran suyos, mezclando clásico y folk escandinavo.
En la Comunidad Valenciana el clarinete tiene una tradición propia de primer nivel: Joan Enric Lluna, valenciano, combina una carrera internacional como solista con la dirección de orquesta, y José Franch-Ballester, también valenciano, se ha consolidado como uno de los clarinetistas españoles con más proyección internacional de su generación.
El Concierto para clarinete K. 622 de Mozart, la última obra orquestal que compuso, es la cima del repertorio: casi todo clarinetista sueña con tocarlo alguna vez. El Quinteto con clarinete K. 581, también de Mozart, es la referencia de música de cámara para el instrumento.
Del romanticismo, el Concertino de Weber y las dos Sonatas de Brahms para clarinete y piano, compuestas al final de su vida tras escuchar al clarinetista Richard Mühlfeld, son imprescindibles. Y en el repertorio de banda española, buena parte de los pasodobles y las marchas de procesión reservan al clarinete el protagonismo melódico.
El recorrido pasa por el conservatorio elemental y profesional antes del superior. Entre los centros superiores con especialidad de clarinete destacan el Conservatorio Superior de Música "Joaquín Rodrigo" de Valencia, el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, Musikene en San Sebastián y la Escuela Superior de Música de Cataluña (ESMUC).
Al ser el instrumento con más plantilla en las bandas, también es el que más escuelas de sociedad musical ofrecen como primera opción para empezar, con préstamo de instrumento incluido en la mayoría de los casos.
Precio de referencia para empezar: 400 € estudio.
Según esta guía, tiene una dificultad de aprendizaje media-alta.
Su mantenimiento es moderado.
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