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Cuerda · Arco (cuerda frotada)El instrumento más agudo de la familia de cuerda y el que lidera la orquesta desde el primer atril. Empezar temprano ayuda, pero no es, ni de lejos, la única puerta de entrada.

El violín produce su sonido al frotar el arco —tensado con crin de caballo— contra las cuerdas, aunque también puede tocarse pulsándolas con los dedos (pizzicato). Es el instrumento más pequeño y agudo de la familia de cuerda frotada, y el que, desde el siglo XVII, lidera la orquesta: el primer violín concertino es quien afina a toda la formación antes de empezar.
Su cuerpo de madera, con la forma que popularizaron los luthiers italianos del Barroco —Stradivari y Guarneri, sobre todo—, apenas ha cambiado en más de tres siglos, una prueba de lo bien resuelto que quedó el diseño desde el principio.
El violín es el miembro más pequeño y agudo de una familia que sigue con la viola, algo más grande y grave, el violonchelo, que se toca sentado y apoyado en el suelo, y el contrabajo, el mayor y más grave de todos. Todos comparten el mismo principio de cuerda frotada, y un violinista que aprende bien la técnica de arco tiene, en general, más facilidad para pasar después a la viola que a cualquier otro instrumento. Si dudas entre las dos, te contamos las diferencias entre viola y violín.
Es también el instrumento de cuerda con más presencia en la música tradicional española y europea: la jota, el folk celta o el klezmer le dan un papel muy distinto al que tiene en la orquesta sinfónica.
Un violín de estudiante, con arco y estuche incluidos, cuesta entre 150 y 500 €, y existen tamaños reducidos (desde 1/16 hasta 4/4) para adaptarse al crecimiento de un niño, lo que hace que sea habitual alquilar el instrumento en lugar de comprarlo hasta que el músico deja de crecer. Un violín de nivel profesional para un adulto se sitúa entre 3.000 y 10.000 € o más, sin techo real por arriba.
Es el instrumento de cuerda con más oferta de alquiler y de instrumentos de distintos tamaños en las escuelas de música, precisamente porque suele empezarse a edades muy tempranas.
Las cuerdas se cambian entre una y dos veces al año con un uso normal, y cuestan entre 20 y 60 € el juego completo según la calidad. El arco necesita crin nueva —encerdado— cada uno o dos años, y colofonia con regularidad para que agarre bien sobre la cuerda.
El violín es también, de todos los instrumentos, uno de los más sensibles al clima: los cambios bruscos de humedad y temperatura pueden abrir grietas en la madera o desajustar el alma interior que sostiene la tapa, así que conviene guardarlo siempre en su estuche y evitar dejarlo cerca de una ventana o una fuente de calor.
El violín no forma parte de la banda de música tradicional española, que es un conjunto de viento y percusión: su lugar natural es la orquesta, sinfónica o de cámara, y los grupos de cuerda propiamente dichos, desde el cuarteto hasta la orquesta de cuerda completa.
Dentro de la orquesta, los violines se dividen en dos secciones —primeros y segundos— que juntas suman habitualmente entre un tercio y la mitad de todos los músicos: es, con diferencia, el instrumento más numeroso de cualquier formación sinfónica.
Jascha Heifetz está considerado por muchos el violinista con la técnica más perfecta del siglo XX, con un estilo de una precisión casi inhumana que sigue siendo modelo de referencia. Itzhak Perlman y Anne-Sophie Mutter han sido, cada uno a su manera, las caras más populares del violín clásico de las últimas décadas, y Hilary Hahn representa hoy a la generación más joven de solistas de referencia internacional.
En España, Leticia Moreno ha construido una carrera de proyección internacional como solista con las principales orquestas europeas, y Ara Malikian, de origen armenio y afincado en España desde hace décadas, ha llevado el violín a públicos que normalmente no escuchan música clásica, mezclando repertorio propio con tradición balcánica y flamenca.
El Concierto para violín de Beethoven, los dos Conciertos de Brahms y Tchaikovsky, y las Cuatro estaciones de Vivaldi forman el núcleo del repertorio más interpretado y más reconocible fuera del propio mundo clásico. Las Sonatas y partitas para violín solo de Bach, sin acompañamiento, son la referencia técnica y espiritual de todo violinista serio.
En España, la Sinfonía española de Édouard Lalo, aunque de compositor francés, y las piezas para violín y piano de Pablo de Sarasate —Zigeunerweisen, la más popular— son de paso casi obligado en la formación de cualquier violinista.
El violín se estudia desde el conservatorio elemental, a menudo a partir de los cuatro o cinco años con métodos específicos para la primera infancia, pasando por el profesional hasta llegar, para quien quiera profesionalizarse, al conservatorio superior: el Conservatorio Superior de Música "Joaquín Rodrigo" de Valencia, el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, la Escuela Superior de Música Reina Sofía o Musikene, entre los de mayor prestigio en España.
Empezar temprano ayuda especialmente en cuerda por el desarrollo de la digitación con la mano izquierda, pero no es una condición excluyente: hay violinistas que empiezan de adultos y llegan a tocar con soltura, sobre todo si el objetivo es tocar en una orquesta de aficionados o disfrutar del instrumento sin ambición profesional.
Precio de referencia para empezar: 150 € estudio.
Según esta guía, tiene una dificultad de aprendizaje alta.
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